
Etimológicamente la palabra prospectiva viene de prospectus, que significa “mirar hacia adelante”. La prospectiva como disciplina intelectual surge en Francia, por iniciativa de uno de sus creadores, Gastón BERGER, en 1957 (1). Esencialmente nos permite visualizar el futuro y actuar en el presente. La prospectiva no pretende adivinar la ocurrencia de un hecho (óptimo o pésimo) sino que busca reducir notablemente la incertidumbre en torno a su ocurrencia, con sus potentes “faros anticipatorios” iluminado con ello las acciones que se deben tomar en el presente.
La incertidumbre refiere la duda o perplejidad que sobre un asunto o cuestión se tiene. Existe una enorme incertidumbre acerca del rumbo que tomarán las negociaciones de EE.UU. contra Afganistan. En este sentido del término la incertidumbre se iguala a un estado de duda en el que predomina el límite de la confianza o la creencia en la verdad de un determinado conocimiento; la certeza es un sentimiento opuesto a ala incertidumbre.
La prospectiva, por lo tanto, no sólo pretende conocer el futuro de manera anticipada sino, fundamentalmente, diseñarlo y construirlo colectivamente en forma participativa.
Además, la prospectiva no concibe el futuro como realidad única, sino como realidad múltiple; considerando que existen “futuribles” o futuros posibles, tal como lo planteara Bertrand DE JOUVENEL.
(1)GODET, Michael. De La Anticipación A La Acción. Manual De Prospectiva Estratégica. 1998.
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